AGONÍA DE UNA SILLA DE ESPARTO

09.06.07

AGONÍA DE UNA SILLA DE ESPARTO

Permalink 21:09:27, Categorías: Todos  

AGONÍA DE UNA SILLA DE ESPARTO

Acá estoy. Desterrada, olvidada en un rincón. Alcanzo a ver, a través del resquicio de la puerta, la débil luz del amanecer. Junto a mí se amontonan otros trastos: una escoba vieja, el mango de una pala, la cocina a leña que ya nadie usa, un par de zapatos embarrados. A todos ilumina el tenue resplandor del día que nace.

Conozco perfectamente cada línea, cada color, cada sombra de lo que me rodea. Hace tantos días, y noches, y primaveras, y fríos, que este es mi lugar… El último espacio para mí asignado.

Ay…! Añoro profundamente el suave alisado gris de la cocina en aquellas épocas de cosecha. Presidí la mesa larga de madera y mi esparto nuevo y henchido recibió al dueño de casa a la hora de la cena. Cansado, tenía aún tiempo para reír con sus hijos. La cosecha les daba a todos otro color, se sentía en el aire un rumor nuevo, aromas tintineantes bajaban hasta el suelo.

Y en las siestas mi lugar era debajo del parral, donde en verano las uvas morenas pintaban mi esparto con una esperanza de vino nuevo, mezclado con las huellas de las zapatillas sucias de los chicos que me trepaban.

También el retablo de las Navidades dejó en mi alma de madera la historia del amor. Temblé de emoción en diciembre, camino a la capilla, esperando el murmullo del villancico, los olores del incienso, las penumbras del altar.

Todo es pasado. Se acumulan las melancolías en mi alma de madera. Lloro con cada hebra deshilachada de mi cuerpo, sacudo pesadumbres con mis astillas resecas, me desgarro de dolor con el hilo de luz que ya me roza en este amanecer.

Muero entre los trastos, en este piso de tierra desparejo, entre estas inclinadas paredes de barro, debajo de este techo de chapa que de tan bajo toca mis extremidades. Muero sin las risas jóvenes, sin las madres con los pechos llenos, lejos de los cuentos de los abuelos, de los bailes en el corredor. Me desintegro en ausencia del acordeón a piano y la guitarra, de las voces de la radio a pila, y los arrullos de los pájaros.

Muero de vieja, por deshilachada y chueca, muero por abandono, y por la muerte de los que quise, muero hoy en medio de un río de luz que me enceguece y engulle.

ESTELA MARÍA BENEDETTI
25 DE MAYO, LA PAMPA
Septiembre de 2004

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